Una familia de cuatro integrantes necesitó $2.269.215,60 en febrero para ser considerada clase media en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según el informe de Líneas de pobreza y canastas de consumo del Instituto de Estadísticas y Censos porteño (IDECBA). El grupo tipo considerado es una pareja de 35 años, ambos económicamente activos y propietarios de la vivienda, con dos hijos de 9 y 6 años.
¿Qué mide exactamente esa cifra y a quiénes alcanza?
El número que informa el IDECBA parte de un sistema de canastas. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) —la línea de indigencia— fue de $791.579 en febrero, y la Canasta Básica Total (CBT) —la línea de pobreza— alcanzó $1.440.147, según el mismo informe del IDECBA. El umbral de «clase media» que reporta el organismo corresponde a hogares cuyo ingreso es al menos 1,25 veces la Canasta Total (CT) y menos de 4 veces esa CT; para la familia tipo informada ese mínimo equivalente a 1,25 veces se traduce en $2.269.215,60 en febrero (IDECBA). El documento también detalla la composición del hogar y los bienes y servicios considerados para calcular cada canasta, por lo que la cifra no es una estimación teórica sino el resultado de una canasta ponderada por consumos observados.
¿Cómo impacta esto en el poder de compra y el empleo?
En términos de precios, el informe porteño registró una inflación mensual de 2,6% en febrero (índice de precios de la Ciudad, IDECBA). Al desagregar, el rubro vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 5,9% en el mes, y seguros y servicios financieros aumentaron 5% (IDECBA). El IDECBA además reporta que la CBT creció 3,02% y la CBA 3,05% respecto de diciembre; aritméticamente esos incrementos son superiores a la inflación mensual de 2,6% mencionada para febrero, lo que implica presión sobre el ingreso real de los hogares. Vemos que los costos regulados y los servicios públicos explican gran parte del deterioro del poder de compra: cuando vivienda y energía suben por encima del promedio, las familias necesitan más ingreso para permanecer en el mismo escalón social. Desde nuestra perspectiva, la pérdida de poder adquisitivo golpea primero a la demanda interna y luego al empleo, sobre todo en pymes que no pueden trasladar aumentos y funcionan con márgenes estrechos.
Qué políticas hacen falta para proteger a la clase media
Frente a estos datos, proponemos medidas que protejan el ingreso real y el empleo. Primero, recomposición salarial integrada al básico para consolidar derechos laborales y evitar que aumentos devenguen como sumas no remunerativas; esto debe ir acompañado de salvaguardas para el empleo y no financiarse mediante recortes previsionales. Segundo, debe haber regulación y amortiguación de aumentos en servicios esenciales: el rubro vivienda y energía subió 5,9% en febrero (IDECBA), por lo que es imprescindible revisar tarifas y diseñar subsidios focalizados que no distorsionen inversión productiva. Tercero, apoyos de liquidez y demanda para pymes industriales, porque la industria es la que genera empleo de calidad y multiplica salarios en el mercado interno. Finalmente, transparencia sobre cómo se calculan las canastas y la frecuencia de actualización es clave para políticas sociales bien dirigidas. Sin estas medidas la erosión del salario real no solo empobrece hogares, sino que debilita la demanda agregada y el mercado laboral.