Los acuerdos paritarios de los grandes gremios acumularon, entre julio de 2025 y febrero de 2026, un rezago de 3,9% frente a la inflación, según la cobertura de Ámbito.

¿Qué pasó con los salarios formales?

Los incrementos pactados por los grandes sindicatos muestran un desfase acumulado: los acuerdos alcanzaron un ajuste de 15,9% entre julio y febrero, mientras que el IPC creció 20,6% en el mismo período —según datos citados por Ámbito—, lo que deja una pérdida real acumulada de 3,9% (acumulado). En febrero, la Ciudad de Buenos Aires registró una inflación mensual de 2,6% (febrero mensual), y las consultoras privadas proyectan una inflación nacional cercana a esa cifra, lo que implicaría que los asalariados en blanco perdieron alrededor de 0,8 puntos porcentuales en ese mes, siempre según la nota. Además, Synopsis reportó que el aumento promedio obtenido por los sindicatos en febrero fue 1,8% (mensual, según Synopsis), por debajo de la suba de precios estimada. Estos datos evidencian que la recomposición salarial contractual no está siguiendo el ritmo de los precios y que la pérdida se concentra en el salario registrado.

¿Cómo impacta esto en el consumo y el empleo?

La pérdida de poder adquisitivo de los salarios alimenta la debilidad de la demanda interna. El Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) mostró en enero una baja interanual de 0,8% (enero interanual), mientras que la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) estimó que las ventas minoristas pyme cayeron 5,6% en febrero (febrero interanual), según Ámbito. Esa combinación explica por qué la recuperación del crédito, que había impulsado la actividad, perdió dinamismo y aumentó la morosidad de las familias. En el frente laboral hay matices: la nota indica que el empleo total subió 0,3% en diciembre y enero (crecimiento acumulado en dos meses), pero el empleo en blanco acumula una caída de 3% desde fines de 2023 (variación desde dic-2023), lo que muestra fragilidad estructural en los puestos formales y riesgo de más precarización si los salarios siguen perdiendo frente a los precios.

¿Qué rol juegan las cuentas externas y las reservas?

La presión sobre los salarios ocurre en un marco de restricciones externas que limitan el espacio fiscal y financiero. Según la nota, las reservas, por la metodología del Fondo Monetario Internacional, resultan negativas en unos u$s19.000 millones (dato citado por Ámbito, stock), y el país enfrenta vencimientos significativos: u$s14.600 millones a lo largo del resto de 2026 (vencimientos 2026 según Ámbito) y cerca de u$s26.000 millones en 2027 (vencimientos 2027 según Ámbito). Esa urgencia de dólares explica la apelación oficial a que los argentinos “saquen los dólares del colchón” y la presión por conseguir refinanciamiento externo. Pero una política que busque recuperar salario sin plantear un plan de financiamiento integral, ni apoyos a la actividad productiva, corre el riesgo de empeorar la situación externa y destruir empleo, no de crearlo.

Qué debe hacer la política económica ahora

Vemos tres prioridades: primero, recomponer ingresos laborales de manera integrada al básico para evitar que aumentos en sumas no remunerativas erosionen la protección previsional y el empleo; esto debe acordarse con salvaguardas para la continuidad laboral y mecanismos de revisión según la inflación. Segundo, acompañar a las pymes con alivios de liquidez y reducción temporal de costos tarifarios segmentados, porque la caída de ventas pyme (-5,6% según CAME) está asociada a pérdida de empleo productivo. Tercero, manejar las cuentas externas con una mezcla de negociación de vencimientos y administración de capitales que no transfiera toda la carga a los asalariados. En suma, defendemos una recomposición salarial integrada al básico con salvaguardas para el empleo y sin financiarla mediante recortes previsionales, junto a medidas de apoyo a la industria y las pymes para que la recuperación sea de empleo y demanda, no sólo de cifras fiscales.